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jueves, 5 de noviembre de 2009

SE JARRTO LA PATRIA


SONAJERO

Se ‘jartó’ de la patria

Grisbel medina R. - 11/5/2009

Patricia tiene el labio seco del malestar que colma la Emergencia.

En la Emergencia de una clínica privada de Santiago antes de atender un herido se agota una sofocante burocracia de papelitos. La periodista Mariela López lo vivió en carne propia.
Llegó asfixiándose y cuando al final la asistieron, por el cambio de turno olvidaron retirarle un medicamento transitorio que Johanna, su compañera, terminó interrumpiendo. Lo que no olvidó hacer el médico que nunca apareció fue firmar la ficha de cobro al seguro, donde anotaron para retener más dinero la placa que nunca le hicieron.
Y sigo con Patricia. Ella superó la fiebre pero sigue ronca, con dolores de espalda y respetables dosis del malhumor.
Conversando sobre las penas enfermizas del cuerpo me soltó su verdadera amargura entre los tapones infernales de Santo Domingo.
Ella, nieta de doña Gloria, la vegana más buena gente, la amiga más noble de mi vida, le duele que en el último viaje al corazón de Nueva York sintió el deseo de quedarse. De niña vivió en Wisconsin pero nunca echó raíces en el país donde el Nóbel Obama intenta poner en cintura el multimillonario negocio farmacéutico.
Patricia ama su Patria pero le hastía la corrupción. Es una fajadora de la vida, una voluntaria decidida, una mujer por la rayita. En la OMSA luchó contra el tráfico interno de combustible y se regó porque el Intabaco pensionó en Santiago a gente con seis meses en el puesto. Patri está jarta de que la honestidad sea vista como plasta de excremento y quienes cumplen sus deberes sean chanza para animar fiestas. Y así, todo patas arriba, labio y corazón seco, mucha droga, complicidad policial, robo a la franca y un Presidente en silencio, solo con ganas de teorizar en Funglode o en un balcón internacional.
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SE JARRTO LA PATRIA


SONAJERO

Se ‘jartó’ de la patria

Grisbel medina R. - 11/5/2009

Patricia tiene el labio seco del malestar que colma la Emergencia.

En la Emergencia de una clínica privada de Santiago antes de atender un herido se agota una sofocante burocracia de papelitos. La periodista Mariela López lo vivió en carne propia.
Llegó asfixiándose y cuando al final la asistieron, por el cambio de turno olvidaron retirarle un medicamento transitorio que Johanna, su compañera, terminó interrumpiendo. Lo que no olvidó hacer el médico que nunca apareció fue firmar la ficha de cobro al seguro, donde anotaron para retener más dinero la placa que nunca le hicieron.
Y sigo con Patricia. Ella superó la fiebre pero sigue ronca, con dolores de espalda y respetables dosis del malhumor.
Conversando sobre las penas enfermizas del cuerpo me soltó su verdadera amargura entre los tapones infernales de Santo Domingo.
Ella, nieta de doña Gloria, la vegana más buena gente, la amiga más noble de mi vida, le duele que en el último viaje al corazón de Nueva York sintió el deseo de quedarse. De niña vivió en Wisconsin pero nunca echó raíces en el país donde el Nóbel Obama intenta poner en cintura el multimillonario negocio farmacéutico.
Patricia ama su Patria pero le hastía la corrupción. Es una fajadora de la vida, una voluntaria decidida, una mujer por la rayita. En la OMSA luchó contra el tráfico interno de combustible y se regó porque el Intabaco pensionó en Santiago a gente con seis meses en el puesto. Patri está jarta de que la honestidad sea vista como plasta de excremento y quienes cumplen sus deberes sean chanza para animar fiestas. Y así, todo patas arriba, labio y corazón seco, mucha droga, complicidad policial, robo a la franca y un Presidente en silencio, solo con ganas de teorizar en Funglode o en un balcón internacional.